La alimentación influye directamente en el riesgo de padecer enfermedades no transmisibles, como el cáncer, la diabetes o las enfermedades cardíacas. Mantener una alimentación saludable ayuda también a conservar nuestras defensas, regular el patrón intestinal, reducir la inflamación del tubo digestivo y proteger el intestino.
La alimentación juega, por un lado, un papel protector frente al cáncer colorrectal. Se sabe que las dietas ricas en fibra vegetal mejoran el tránsito intestinal, reducen la inflamación y favorecen una microbiota saludable, disminuyendo el riesgo de desarrollar cáncer de colon y recto.
Por otro, la alimentación puede ser un factor de riesgo para el desarrollo de este tipo de cáncer porque se sabe que alimentos como las carnes procesadas (embutidos, salchichas, etc.) y las carnes rojas pueden aumentar el riesgo de padecerlo.


